VATICANO

Ser sal y luz para los otros, sin atribuirse méritos. Es éste el “simple testimonio habitual”, la “santidad de todos los días”, a la que está llamado el cristiano. Lo subraya el Papa esta mañana, en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta. El testimonio más grande del cristiano es dar la vida como lo hizo Jesús, es decir, el martirio, pero hay también otro testimonio: aquel de todos los días, que inicia por la mañana, cuando nos despertamos, y termina por la noche, cuando nos vamos a dormir.

La evangelización tiene tres dimensiones fundamentales: el anuncio, el servicio y la gratuidad, lo ha subrayado el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta.

Durante el Ángelus del segundo domingo de junio, el Santo Padre expuso el Evangelio del día, en el que Jesús tuvo que enfrentar dos tipos de malentendidos - el de los Escribas y el de sus propios familiares - para advertir de la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro.

La memoria cristiana es la sal de la vida, ir hacia atrás para seguir adelante: debemos recordar y contemplar los primeros momentos en los cuales hemos encontrado a Jesús, hacer memoria de quien nos ha transmitido la fe y recordar la ley del amor, que el Señor ha puesto en nuestros corazones: lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, en la cual se basó en la exhortación de San Pablo a Timoteo, en la primera lectura: “Acuérdate de Jesucristo”.

En la IX semana del tiempo ordinario, pleno verano en Roma, el Papa Francisco presidió la tradicional Audiencia General en la plaza de san Pedro, y prosiguió con su catequesis sobre el Sacramento de la Confirmación. La lectura del Evangelio fue tomada del libro de San Juan, capítulo 20, versículos 19 al 22., que narra a Jesús que sopla el Espíritu Santo sobre los discípulos.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha informado a través de un comunicado, que el sábado 2 de junio a las cuatro de esta tarde, el Santo Padre Francisco celebrará la Eucaristía con el grupo de sacerdotes chilenos que se hospeda desde ayer en la Casa Santa Marta, dando inicio así a los encuentros previstos.

Tal como se lee en el escrito, el objetivo de esta reunión convocada por el Papa Francisco es profundizar en la realidad vivida por una parte de los fieles y del clero chileno.

Con la ayuda de estos cinco sacerdotes, el Papa busca poner remedio a la ruptura interna de la comunidad, tras las heridas que han causado los abusos sexuales, de poder y de conciencia, perpetrados por algunos miembros de la Iglesia en este país.

El Papa envía carta a todos los católicos de Chile

Se trata del segundo grupo de víctimas que recibe el Pontífice en el Vaticano, a quienes ha pedido personalmente perdón y ha manifestado su intención de poder "reconstruir una relación sana entre los fieles y sus pastores, una vez que todos tomen conciencia de sus propias heridas". (Vatican News) 

 

 

«Cuando una persona da lo mejor de sí misma, experimenta la alegría del deber cumplido. Todos quisiéramos poder decir un día, con San Pablo: “He peleado hasta el fin el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe”. (2Tim 4,7)», con estas inspiradoras palabras comienza el primer documento de la historia de la Iglesia que ofrece una perspectiva cristiana del deporte y de la persona humana; elaborado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; y presentado el viernes 1 de junio, a las 11 de la mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

“De este modo, el sacramento se confiere con la unción del santo crisma en la frente y pronunciando estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Es una señal visible del don invisible. Un carácter indeleble que nos configura más plenamente con Jesús y nos da la gracia para difundir por el mundo el buen olor de Cristo”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del último miércoles de mayo de 2018, prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicadas al sacramento de la Confirmación. Deseo hoy, precisa el Santo Padre, evidenciar la íntima relación que existe entre este sacramento con toda la iniciación cristiana.

La unción confirma y refuerza la gracia del bautismo

“El rito de la confirmación – señala el Pontífice – tiene varios gestos litúrgicos que expresan la profundidad de este sacramento de la iniciación cristiana. Antes de recibir la unción que confirma y refuerza la gracia del bautismo, los candidatos son llamados a renovar las promesas bautismales y hacer profesión de fe”.

Ahora son ellos mismos en profesar la fe de la Iglesia, afirma el Papa, listos a responder “creo” a las preguntas formuladas por el Obispo; listos, en particular, a creer en el Espíritu Santo, que es Señor y da la vida y que hoy, por medio del sacramento de la Confirmación, les es conferido de modo especial, como a los Apóstoles en el día de Pentecostés.

El Espíritu enriquece con sus dones

“Después de un silencio orante – explica el Papa Francisco – el Obispo extiende las manos sobre los confirmados e invoca la efusión del Espíritu sobre ellos. El Espíritu enriquece con sus dones a los miembros de la Iglesia, construyendo así la unidad en la diversidad”.

Uno sólo es el Espíritu, recuerda el Santo Padre, pero viniendo a nosotros trae consigo riquezas de dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. “El único Espíritu – precisa el Pontífice – distribuye los múltiples dones que enriquecen a la única Iglesia: es el Autor de la diversidad, pero al mismo tiempo es el Creador de la unidad”.

La Confirmación, es una señal visible del don invisible

“Según la tradición apostólica – recuerda el Papa Francisco – el Espíritu se comunica a través de la imposición de las manos. A este gesto, se une la unción del aceite perfumado o crisma, que indica cómo el Espíritu entra hasta lo más profundo de nosotros, embelleciéndonos con tantos carismas. De este modo – precisa el Pontífice – el sacramento se confiere con la unción del santo crisma en la frente y pronunciando estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Es una señal visible del don invisible. Un carácter indeleble que nos configura más plenamente con Jesús y nos da la gracia para difundir por el mundo el buen olor de Cristo”.

Recibiendo en la frente el signo de la cruz con el aceite perfumado, señala el Obispo de Roma, el confirmando recibe pues un signo espiritual indeleble, recibe el “carácter”, que lo configura más perfectamente a Cristo. Y como decía San Ambrosio a los neo-confirmados: “recuerda que has recibido un signo espiritual y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado, te ha confirmado a Cristo Señor y ha puesto en tu corazón el signo del Espíritu”.

Acoger y custodiar el Espíritu de Dios

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó a los fieles y peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. “Los animo a acoger y custodiar con gratitud y docilidad – dijo el Papa – este hermoso regalo que nos da Dios, que es su Espíritu, de modo que el fuego de su amor plasme en nosotros la imagen de Jesús para poder ser discípulos misioneros en el mundo de hoy”. ¡Que el Señor los bendiga! (Vatican News)

En los momentos de la prueba, no volver a los esquemas del mundo que quitan la libertad. Es necesario, en cambio, permanecer en el camino hacia la santidad. Lo recordó el Papa en la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

La alegría “es la trascendencia del cristiano”, una alegría hecha de paz verdadera y no falaz como la que ofrece la cultura actual, que “inventa tantas cosas para divertirnos”, innumerables “pedacitos de dulce vida”. En su reflexión de esta mañana Francisco volvió a referirse a una de las características distintivas del cristiano: la alegría, a pesar de las pruebas y dificultades.

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