VATICANO

Sábado, 13 Octubre 2018 16:04

Muro de los lamentos vs caseta la bendición de Dios Destacado

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El día comienza muy temprano para Martha Alarcón Villamizar. A las seis de la mañana abre su quiosco ubicado en una carretera nacional de Colombia, específicamente en el sector La Garita a las afueras de la ciudad de Cúcuta, donde a diario presta ayuda a los “caminantes venezolanos”.

Durante el día atiende a sus vecinos, a quienes les vende refrescos, chucherías, pan, entre otros productos que tiene a su disposición, pero en la noche, comienza su labor humanitaria, pues agua miel y arepas es el menú que ofrece a los migrantes que acuden a su negocio en busca de una mano amiga.

Relata que esta acción la viene realizando desde hace varios meses, pues se compadece del dolor y sufrimiento que atraviesan las personas que a diario escapan de la crisis política, social y económica que padece Venezuela.

Decenas de personas duermen en cartones o en el piso a las afueras de esta caseta que fue bautizada como el muro de los lamentos o como ella prefiere llamarle, “la bendición de Dios”.

El equipo de prensa de Diario Católico se apersonó en este lugar, para constatar esta situación donde en medio de risas, y una cálida conversación detalló los mensajes que dejan los venezolanos que abandonaron la tierra que los vio nacer para recorrer miles de kilómetros a diferentes naciones de Suramérica en búsqueda de una mejor calidad de vida.

Su vivienda queda a 300 metros, y desde allí notó el aumento de caminantes cada mes. “Al principio puro muchacho, pero ahora vemos niños, mujeres embarazadas, personas en muletas y sillas de rueda, muchos van hacia Bogotá, Medellín, Cali, otros van hacia Ecuador, Perú, y diferentes partes” dijo.

Con la llegada de los migrantes, comenzó a pedirles que les dejara en un cartoncito un mensaje, que fue siendo colgado en cuerdas improvisadas a los lados de la caseta.

“Tengo muchos por colgar aun, pero me hace falta algunos materiales que no he podido comprar por falta de tiempo, espero poder hacerlo pronto porque cada vez son más los que tengo” expresó.

Los escritos en su mayoría son de agradecimiento por la ayuda, claman a Dios mucha fuerza para el largo camino a recorrer y señala a qué lugar se dirigen y qué número de personas.

“Yo les colaboro con lo que puedo, con agua panela, pancito un acetaminofén, les ayudo a curar los pies porque ellos vienen caminando muy cansados por el fuerte sol que hace acá” afirmó.

Mencionó que en un día pueden llegar de 50 a 100 personas, quienes reposan en este sitio bien sea en el día o noche para luego partir a su destino.

“Entre más días más gente pasa, el número no ha disminuido, van desde adultos hasta niños en brazos, incluso recién nacidos” apuntó.

 

Bautizo de un bebé en carretera

Recordó que hace un par de meses, una venezolana llamada Andrimar Reyes, arribó a este sitio en horas de la noche y allí mismo bautizó a su hijo de tan solo 25 días de nacido.

“Ella llegó con el niño y ni se le veía, yo le pregunté que llevaba envuelto que no se veía y me dijo que su hijo, le respondí que si habían comido y ellos dijeron que no y ese día le dimos arepa con agua miel y a ella le hice un aromática” sostuvo.

Reyes partió con su esposo a la medianoche hacia Perú, Alarcón desconoce la suerte de esta pareja quien iba acompañada de otras 20 personas.

También, ayudó a un muchacho que llevaba los zapatos rotos y que, gracias a la donación de un calzado de otra persona, pudo colaborarle al joven.

 

Sin ayudas

La labor que realiza la hace con sus propios ingresos pues no cuenta con ayuda gubernamental ni de alguna institución para la alimentación de los venezolanos que acuden a ella.

“Una señora de Perú y de Canadá me regalaron unos pañales, toallas higiénicas entre otros productos, con ellas estoy agradecida, mientras tanto, voy realizando todo yo sola” acotó.

Alarcón manifestó el cariño hacia cada venezolano que emprende esta hazaña, pero lamentó que muchos estén cometiendo actos delictivos en diferentes países.

“Somos muchos colombianos los que estamos ayudando, nosotros les decimos que no desesperen, que la ayuda llega y que Dios no nos desampara en ningún momento” agregó.

 

De Caracas para Cali

Yekler Medina, tiene 18 años, nació en Caracas y en compañía de un amigo decidió partir hacia la ciudad de Cali, en Colombia para poder ayudar a su familia.

Indicó que no tiene pasaporte por lo cual debió pasar por una trocha y pagar 900 bolívares soberanos para poder ingresar al vecino país.

Con un bolso negro y un botellón de agua inició el largo recorrido hasta el departamento del Valle, donde lo espera un primo para iniciar una nueva vida que le permita generar ingresos para ayudar a sus padres.

Cuando fue entrevistado, comentó que no había comido nada desde el día de anterior y esperaría la solidaridad de alguien durante su camino.

“Solo tenemos agua, y un poco de ropa, no sabemos cuánto tardemos en llegar hasta allá” agregó.

Al igual que Medina, decenas de venezolanos continúan realizando esta travesía por la Cordillera de Los Andes como escape a la emergencia que padece el país. Muchos se quedarán en las naciones donde ahora residen,otros esperan la salida del Gobierno para volver.

 

 

         Maryerlin Villanueva / Diario Católico 

Modificado por última vez en Sábado, 13 Octubre 2018 16:04

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