VATICANO

Lunes, 09 Julio 2018 13:00

En su vista a Bari el Papa denuncia “la indiferencia que mata” al Medio Oriente

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«Oriente Medio se ha vuelto una tierra de gente que deja la propia tierra. Y existe el riesgo de que se extinga la presencia de nuestros hermanos y hermanas en la fe, desfigurando el mismo rostro de la región, porque un Oriente Medio sin cristianos no sería Oriente Medio». Son un grito elevado al cielo las palabras con las que Francisco denunció «el homicidio de la indiferencia» en la martirizada región de la que muchos cristianos huyen: en Siria han pasado de 2,2 millones a 1,2 millones, mientras en Irak disminuyeron a alrededor de 250 mil, frente al millón y medio que había a principios de los años noventa.

Están con Francisco en Bari unos veinte líderes de las Iglesias cristianas en Medio Oriente, católicos, ortodoxos, protestantes. Entre ellos están el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, Teodoro II de Alejandría, el metropolita ruso Hilarion, el Papa copto Tawadros, el Patriarca siro-ortodoxo Mar Gewargis II, los patriarcas de las Iglesias orientales católicas, como Pierbattista Pizzaballa (del Patriarcado latino de Jerusalén) y los cardenales Béchara Boutros Räi (de los maronitas de Líbano) y Louis Raphael Sako (de los caldeos iraquíes). También está el obispo luterano de Jordania Sani Ibrahim Azar. 

Antes del encuentro de oración en el malecón de Bari, Francisco y los patriarcas se reunieron en la iglesia en donde reposan los restos de San Nicolás, santo veneradísimo también en todo el Oriente cristiano. El Papa Bergoglio, en el umbral de la Basílica acogió y abrazó a cada uno de sus huéspedes, convocados a esta ciudad-puente con el Oriente para reflexionar sobre la situación de una región martirizada. El Pontífice y los patriarcas después bajaron a la cripta para venerar las reliquias de San Nicolás. Francisco se arrodilló con dificultades, después encendió la lámpara de una llama que arde perennemente en ese lugar: tiene la forma de una carabela y la mantienen encendida dos surgidores de aceite. Indica que una única fe se vive en las dos tradiciones, oriental y occidental; fue encendida por el Papa Pío XI y donada en 1936 por una asociación romana. 

Encuentro de oración

Después de la oración a San Nicolás, el Papa y los patriarcas se trasladaron en autobús al malecón, en la “Rotonda”, en donde se lleva a cabo el encuentro de oración, que comenzó con las palabras de Francisco. «Hemos llegado como peregrinos a Bari, ventana abierta al cercano Oriente, llevando en el corazón a nuestras Iglesias, a los pueblos y a tantas personas que viven en situación de gran sufrimiento. A ellos les decimos: “Estamos cerca de ustedes”».  

Aquí, dijo Bergoglio, «contemplamos el horizonte y el mar y nos sentimos impulsados a vivir esta jornada con la mente y el corazón dirigidos a Oriente Medio, encrucijada de civilizaciones y cuna de las grandes religiones monoteístas. Allí nos visitó el Señor, “sol que nace de lo alto”. Desde allí, la luz de la fe se propagó por el mundo entero. Allí han surgido los frescos manantiales de la espiritualidad y del monacato. Allí se conservan ritos antiguos únicos e inestimables riquezas del arte sacro y de la teología; allí pervive la herencia de los grandes Padres en la fe. Esta tradición es un tesoro que hemos de custodiar con todas nuestras fuerzas, porque en Oriente Medio están las raíces de nuestras mismas almas». 

La complicidad de muchos

«Pero sobre esta espléndida región –continuó Francisco– se ha ido concentrando, especialmente en los últimos años, una densa nube de tinieblas: guerra, violencia y destrucción, ocupaciones y diversas formas de fundamentalismo, migraciones forzosas y abandono, y todo esto en medio del silencio de tantos y la complicidad de muchos. Oriente Medio se ha vuelto una tierra de gente que deja la propia tierra. Y existe el riesgo de que se extinga la presencia de nuestros hermanos y hermanas en la fe, desfigurando el mismo rostro de la región, porque un Oriente Medio sin cristianos no sería Oriente Medio».  

«Recemos unidos –exhortó el Pontífice–, para pedir al Señor del cielo esa paz que los poderosos de la tierra todavía no han conseguido encontrar. Que desde el curso del Nilo hasta el Valle del Jordán y más allá, pasando por el Orontes, el Tigris y el Éufrates, resuene el grito del Salmo: “La paz contigo”. Por los hermanos que sufren y por los amigos de cada pueblo y religión, repitamos: La paz contigo. Con el salmista, lo imploramos de modo particular para Jerusalén, la ciudad santa amada por Dios y herida por los hombres, sobre la cual el Señor aún llora: La paz contigo». 

El grito de paz, explicó el Papa argentino, «es el grito de tantos Abeles de la actualidad que sube al trono de Dios. Pensando en ellos, no podemos ya más permitirnos decir ―ni en Oriente Medio ni en cualquier otra parte del mundo―: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”. La indiferencia mata, y nosotros queremos ser una voz que combate el homicidio de la indiferencia.Queremos dar voz a quien no tiene voz, a quien solo puede tragarse las lágrimas, porque Oriente Medio hoy llora, sufre y calla, mientras otros lo pisotean en busca de poder y riquezas. Para los pequeños, los sencillos, los heridos, para aquellos que tienen a Dios de su parte, nosotros imploramos: La paz contigo». 

Lecturas y las oraciones

El encuentro continuó con las Lecturas y las oraciones de cada uno de los participantes. Particularmente significativa fue la que leyó en griego el Patriarca Ecuménico de Constantinopla: «Señor Jesucristo… inspira cosas buenas en los corazones de los que quieren la guerra y pacifica también nuestros corazones, libéranos y libera a todos los hombres de deseos malvados y ávidos, y siembre en los nuestros y en sus corazones un espíritu de justicia, de reconciliación y de amor hacia todos nuestros hermanos».  

También la oración que leyó en árabe Tawadros II, Papa de Alejandría de los coptos, fue importante: «Señor, te agradecemos por cualquier condición, con cualquier condición y en cualquier condición. Porque Tú nos has protegido, nos has ayudado, nos has preservado, nos has acogido, nos has salvado, nos has sostenido». Tawadros, cuya catedral dedicada a San Marcos en El Cairo tiene las columnas manchadas con la sangre de los mártires de los recientes atentados fundamentalistas, rezó por «todos los mártires que han muerto por Tu Santo Nombre». 

Diálogo

Al final de la vigilia de oración a orillas del mar, Francisco y los patriarcas volvieron a la Basílica de San Nicolás en el autobús con el que habían llegado, en donde comenzará un diálogo a puerta cerrada de dos horas y media. Después de una introducción del arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador del Patriarcado latino de Jerusalén, se discutirá abiertamente y lejos de los medios de comunicación sobre la situación en el Medio Oriente y sobre el drama de los cristianos. A las 13.30 el Papa y sus huéspedes se trasladarán al arzobispado para almorzar juntos. 

 

 

Con información de Vatican Insider

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 09 Julio 2018 13:00

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