Lunes, 13 Agosto 2018 13:47

Peregrinos renovarán su fe ante la Virgen milagrosa de Táriba

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Como cada año, el 15 de agosto, la feligresía tachirense acude la Basílica de Táriba para renovar su fe y devoción por la Virgen de la Consolación, quien cumplirá 458 años desde su aparición en “la Perla de Torbes”.

La historia inicia en 1560, cuando dos sacerdotes Agustinos que provenían del Nuevo Reino de Granada llegan a Táriba, llevando una tabla con la imagen de nuestra Señora de la Consolación. Llegados al lugar hincaron una vara de caña en tierra con la imagen de la Virgen colgando de ella. Y así empezaron su trabajo de evangelización en la zona.

En el lugar donde clavaron la estaca, empezaron la construcción de la rustica primera capilla que fue el primer centro de devoción mariana. Pocos años después, este sector se vio atacada por tribus vecinas, que se unieron para hostilizar a los pobladores.

Sus habitantes se vieron obligados a huir a otras regiones abandonando la antigua aldea aborigen. Solo quedó en la población una mujer india que acogió del santuario la tabla de la Virgen y la guardo; pasado el tiempo, las facciones de la Virgen se borraron y la tabla fue confinada al granero de una vivienda.

A finales del siglo XVI, llego a Táriba la visita de la familia Zamora, el alférez de Pamplona de la Nueva Granada, Juan Ramírez Andrade. Por casualidad, la casa de Zamora estaba en el mismo lugar en que la india había aislado la tabla, donde se almacenaban los granos. Uno de aquellos días, coincidentes con la visita de Ramírez de Andrade, los hijos de Zamora, Pedro, Gerónimo y Antonio, decidieron, después de almorzar, organizar una partida de pelota, sin embargo, en el transcurso del juego una de las paletas se rompió, por lo que entraron al granero en busca de una tabla para reemplazar la paleta rota.

Fue allí cuando hallaron la tabla en la que la Virgen había estado pintada. La tomaron y trataron de romperla para darle la forma de paleta, no obstantes era muy dura, y generaba un ruido como de tambor.

Con ello llamaron la atención de la señora Zamora quien les regañó por estar tratando de romper la tabla en la que la imagen había estado dibujada; la tomó y la llevó al granero nuevamente, dejándola colgada en una de las paredes.
 

La reaparición del prodigio pictórico de la Virgen de la Consolación, en los elementos de su composición, como obra que recobra su pérdida nitidez, comenzaron a manifestarse las bondades de la Virgen de la Consolación con curaciones y expresiones confirmadoras de su deseo de dar a cuantos acuden a ella.

Desde la madrugada y de diferentes zonas, las personas caminan hasta el municipio Cárdenas para rendir tributo a la Virgen María con un trayecto que supera los 10 kilómetros.

Durante el trayecto, algunas oran, cantan, y otros agradecen por un favor recibido o hacen alguna promesa.

Experiencia renovadora

William Amaya, es comunicador social, y peregrina desde los 17 años en conjunto con el grupo juvenil de la Iglesia Coromoto, teniendo como motivador “el fervor de ir hasta ella, siempre encomendando y agradeciendo sobre todo por la salud, por el trabajo, por la familia, por los amigos, compañeros de trabajo y en los últimos años por Venezuela”.

Asegura que es indescriptible lo que siente, pues “llegar hasta allí, estar junto a ella, es una gran carga de energía”.

Resaltó que durante varios años ha estado trabajando en las transmisiones de TRT, “lo que ha sido muy especial”.

Afirmó Amaya que su principal petición este año, es pedir por Venezuela, “por la ayuda a las personas con hambre, con sed, los enfermos, los niños” señaló.

Un momento feliz, especial…

Yelitza Umaña, es contadora público, tiene 45 años, y sostuvo que desde que era niña en compañía de sus padres caminaba hacia la Basílica de Táriba.

“Cuando mi mamá salió del alumbramiento y salía de la clínica pasaba inmediatamente por la Iglesia a ofrecernos a la virgencita, por lo cual crecimos con esa fe, con esa devoción a ella y siempre poniendo en su presencia” acotó.

Su caminata inicia a las siete de la mañana, cerca de La Catedral, donde tras tomar una taza de chocolate, pan andino y queso comienza a peregrinar hacia Cárdenas en compañía de su familia.

“Somos más de 50 personas que caminamos cada 15 de agosto por las circunstancias que hoy vivimos los venezolanos cada día, donde cada vez nos dispersamos más a otras latitudes del mundo” apuntó.

Desde hace 13 años, Umaña vive en la ciudad de Bogotá, en Colombia, sin embargo, no pierde la oportunidad de peregrinar cada 15 de agosto.

“Es un momento muy especial, muy feliz en el cual todos nos unimos en oración para poner en la presencia de la Virgen nuestras necesidades, la salud, la vida, nuestro país y anhelando así la libertad y la democracia que tanto queremos que vuelva existir en Venezuela” concluyó.

 

Maryerlin Villanueva / Diario Católico

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 13 Agosto 2018 13:47

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