Martes, 21 Agosto 2018 14:25

Círculo de Reflexión Bíblica: XX Domingo Ordinario - Ciclo B Destacado

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Oh, Dios que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos a través del mismo Espíritu que gocemos siempre de su divino consuelo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Primera Lectura [ Proverbios 9 (1-6) ]

“Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia”.

 

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En el libro de Proverbios encontramos de vez en cuando una referencia a la Sabiduría, escrita de tal manera que parece que se están refiriendo a una persona. Es muy fácil a veces asociar estos textos con Jesucristo. No cabe duda que la sabiduría es una de las cualidades divinas. En el mismo capítulo 9, (en versículos que no se incluyen en esta primera lectura), podemos ver cómo se antepone a la necedad. El hombre se siente atraído por ambas fuerzas, y le tocará elegir entre una o la otra. No se puede ser necio y sabio al mismo tiempo.

El número siete sugiere en la literatura bíblica, perfección. La casa de la Sabiduría tiene siete columnas, o sea que es un edificio perfecto, como el templo en el cual “vive” Dios. Pero lo que mas nos interesa, por su relación con el Evangelio del día es la alusión al banquete. El mismo es un símbolo de la salvación que ofrece Dios. El banquete es para todos los que acepten la invitación. En un banquete nadie come solo: Se come en grupo, y comer con alguien es signo de comunión. Este texto puede ser claramente explicado a la luz de la doctrina eucarística.

 

Segunda Lectura   [ Efesios 5 (15-20) ]  

Hermanos: Tengan cuidado de portarse no como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos.

 

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En los pasados domingos hemos venido leyendo extractos de la carta a los Efesios, y ahora entramos a su parte final. En esa especie de despedida del autor, leemos una serie de exhortaciones sobre la manera en que un cristiano tiene que llevar su vida. Realmente, si vemos bien, no se trata de recomendaciones nuevas, pues responden al sentido común y a una ley natural, presente en todas las culturas y religiones. Sin embargo, lo nuevo aquí está en el sello cristiano que san Pablo le imprime.

Por ejemplo, el ser sensato es una manera de cumplir con la voluntad de Dios. Dicho en otras palabras, la manera más sensata de vivir es hacer la voluntad de Dios. Cuando Pablo escribe acerca de «días malos» está previniendo a los cristianos de algo que todos esperaban de un momento a otro, o sea, la segunda venida de Cristo, y con ella, el juicio final.

También leemos una alusión a Dios-Espíritu Santo. De allí podemos aprender que la vida cristiana no es resultado de la sabiduría humana y del esfuerzo personal, sino fruto de la fe y de permitir al Espíritu su acción en uno. El camino mas práctico para ir logrando este objetivo es la práctica de la oración. San Pablo sugiere lo que se hacía en aquellos tiempos, como cantar salmos, etc. Pero lo que quiere sugerir es que el cristiano que quiere perfeccionar su espíritu le tiene que “dar luz verde” a Dios-Espíritu Santo para que lo vaya transformando, y esto se hace posible cuando el cristiano se comunica con frecuencia con Dios por medio de la oración.

 

Evangelio [ Juan 6 (51-58) ]

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.

 

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Recordemos que por varios domingos estamos reflexionando alrededor del capítulo 6 del evangelio de Juan, el cual contiene la base de la doctrina eucarística, explicada nada más y nada menos que por el propio Jesucristo, quien de paso, se presenta como aquel que puede dar la vida para siempre a los que crean en él. Esta reflexión, recordaremos, arrancó con el episodio de la multiplicación de los panes y es presentada en forma de diálogos de Jesús.

En la parte del diálogo que se proclama en esta misa, Jesucristo dice algo nuevo, que resulta muy fuerte y crudo para quienes lo escucharon: ¡Él esta ofreciendo su carne para ser comida! Los que le escuchaban, judíos en su mayoría, tenían una serie de normas (y escrúpulos) acerca del tipo de alimentos que se pueden tomar, y de manera especial de los tipos de carnes. Imaginémonos el escándalo que se creó cuando alguien que unos minutos antes ha dicho una aparente barbaridad, de que había bajado del cielo, ahora los invita a que coman de su cuerpo. Y no solo eso, sino que ¡también tenían que beber de su sangre!

Es obvio que aquella gente no podría comprender tantas cosas dichas al mismo tiempo. Por eso, Jesucristo se tomó su tiempo para hacer realidad sus palabras. Algún tiempo después, en una cena, vuelve a usar un lenguaje parecido, pero emplea un pan y una copa con vino. Es muy posible que en aquel momento, los que no habían entendido lo que Jesucristo había tratado de decir terminaron de armar el rompecabezas y desde entonces, cada vez que conmemoraban la Cena del Señor, haciendo en su memoria los gestos del mismo Jesucristo, el Señor se hacía presente en medio de ellos, tal como ha seguido ocurriendo hasta nuestros tiempos.

 

Diácono José Moronta  

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Modificado por última vez en Martes, 21 Agosto 2018 14:25

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