Lunes, 13 Agosto 2018 17:22

El Pan Vivo entre su pueblo Destacado

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Iº lectura: 1Re 19, 4-8; Salmo: 33; IIº lectura: Ef 4,30-5,2; Evangelio: Jn 6, 41 - 51

“Vengan a la Eucaristía, vengan…”. Con estas palabras el Santo Cura de Ars nos recuerda que, aun siendo frágiles y débiles, necesitamos acercarnos a Jesús Eucaristía de manera frecuente y sincera. “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,48), nos dice el Señor en el Evangelio y se nos recuerda con fuerza la necesidad de recibirlo en la Comunión y de esta manera, participar en la vida divina y así salir victoriosos del pecado y las tentaciones, corroborando aún más nuestra condición de cristianos.

“Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo…”

Las palabras de Jesús están llenas de amor y confianza. Su palabra es alimento que da la vida, y su vida es alimento para el hombre. Jesús hace de su Palabra alimento en cuanto habla de Dios, de su relación con el Padre y de cómo debemos estar unidos íntimamente con Él para poder sentirnos y vivir como verdaderos hijos de la luz, amantes de la Eucaristía. 

La vida cotidiana es reflejo de la esperanza que tenemos en Dios. Encontramos a diario situaciones de hambre, necesidades, pobreza extrema; situaciones que acompañan nuestro vivir cotidiano y ante ello debemos responder con solidaridad y fraternidad. La situación que estamos viviendo nos debe hacer reaccionar siempre más en cuanto a la reflexión que nos debe interpelar y los gestos de caridad verdadera que debemos poner en práctica. Esos detalles que podemos y debemos tener hacia los demás, son la muestra de lo que podemos y debemos hacer y de lo que Dios nos tiene preparado.

Recibir al Señor en su Palabra y en la Sagrada Eucaristía, nos hace fuertes y fieles creyentes. Él tiene lo que nos falta y lo que necesitamos; cerca de Él encontraremos la paz, la fortaleza para hacer bien nuestro trabajo y el gozo en el servicio al prójimo. El Pan Vivo bajado del cielo, nos guía por el camino de la vida y seguirá siendo para nuestra alma, no sólo un punto de referencia, sino la plenitud de la vida en Dios.

El Santo Cura de Ars nos recuerda: “Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz”. La oración, el sacrificio y el servicio serán fundamentales para caminar juntos, unidos al Señor, aceptando su invitación y agradeciéndole por su presencia real y verdadera en la Sagrada Eucaristía.

María nos enseña a amar a su hijo

María Santísima, nuestra madre de la Consolación, nos da ejemplo para amar, llevar y compartir el pan vivo bajado del cielo. Ella es mujer y madre que ama, que da la fuerza necesaria a todos aquellos que se encuentran en dificultades, en problemas, en medio de zozobra y de falta de amor. Ella nos muestra el camino que en nombre de Jesús debemos recorrer, sin exclusión y con plena confianza en Él. Así sea.

José Lucio León Duque

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Modificado por última vez en Lunes, 13 Agosto 2018 17:22

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