Martes, 26 Junio 2018 13:26

Juan, el precursor Destacado

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Iº lectura: Is 49, 1-6; Salmo: 138; IIº lectura: Hch 13, 22-26; Evangelio: Lc 1, 57-66.80

Confiar en el amor, la bondad y la sabiduría de Dios, es fundamental para poder caminar en su nombre y hacer crecer la esperanza que venga de Él. Juan el Bautista es el único al que se le reconoce el título de Precursor de Cristo, el único a quien se le celebran dos fiestas litúrgicas: la Natividad y el Martirio.

San Agustín en uno de sus sermones nos dice: “La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo, y sacar provecho de él.” (Sermón 293, 1-3: PL 38, 1327-1328)

Precursor, testigo, hombre de Dios

La fuerza profética de Juan el Bautista es esta: no se debe jugar con medias tintas ni conformarse con lo mínimo. Estamos llamados a la vivir la verdad, de corazón y en la vida cotidiana. Ser transparentes en nuestra actitud, con aquellos que nos rodean, en nuestro trabajo, en donde nos desenvolvemos. En su proyecto, Dios confió a Juan la misión de ser precursor inmediato del Mesías, encargado de reconocerlo como tal y señalar su presencia en medio del pueblo.

“He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Juan indica quién es Jesús, así como los profetas anuncian el mensaje de Dios preparando el camino al Mesías. Surge la grandeza de Juan, el más grande entre los nacidos de mujer. Él tiene la certeza que la verdad que lo hace anunciar y dar testimonio se identifica con Cristo mismo y es por ello que se nos invita a ser portadores de la palabra de Dios con nuestro ejemplo y con la vida misma, una vida que conlleva a ser transparentes y sinceros en medio de las vicisitudes que se puedan presentar.

Hoy estamos llamados, a ejemplo de Juan el Bautista, a ser testigos del Evangelio de la verdad. A anunciar la grandeza del mensaje de conversión y denunciar en medio del mundo aquello que no está bien. A ser la voz de los que no tienen voz. A vivir con convicción la solidaridad con el más necesitado. A llevar esperanza donde pareciera haberse acabado todo. Esto nos lleva a no tener miedo, acercarnos siempre más a Dios en la oración, en la Eucaristía y dar testimonio de aquello que realmente debemos ser y hacer.

Con el ejemplo de María

María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida como se debe. Confiemos en que ella siempre nos acompaña y nos muestra la vía que nos lleva a Jesús. Que nadie sienta que en su vida falta el amor de Dios, ya que el Evangelio nos ayuda a vivir la unión y el amor que todos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo. Así sea.

Pbro. José Lucio León Duque

Modificado por última vez en Martes, 26 Junio 2018 13:26

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