Domingo, 10 Junio 2018 20:50

Círculo de Reflexión Bíblica: X Domingo Ordinario - Ciclo B Destacado

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Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor tu Espíritu y se renovará la faz de la tierra.

Primera Lectura  [Génesis 3 (9-15)]

Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: “¿Dónde estás?”…

 

Comentarios  

El hombre no puede esconderse de la presencia de Dios, aunque lo intenta siempre cuando ha pecado. Es el miedo lo que le obliga a huir, pero siempre escucha los pasos de Dios, ante el cual ha de comparecer. Dios lo interroga y el hombre, una vez más, trata de huir de su culpa echándosela en cara al mismo Dios: "La mujer que tú me has dado...". Sin embargo, el miedo del hombre que le impulsa a la huida es ya la señal que le descubre su propio pecado.

En estas palabras de Adán aparece también la enemistad que el pecado introduce entre los hombres. Aquella última solidaridad en la culpa, en la que comparecen Adán y Eva en presencia de Dios, no es aceptada por ellos mismos, de suerte que lo que hicieron juntos, en vez de unirlos, es ahora un muro que los separa. Tampoco la mujer acepta su responsabilidad: también ella huye en vano de su culpa, tratando de echársela a la serpiente.

No obstante, Dios, que maldice a la serpiente sin haberla escuchado antes, no maldice a Adán y Eva, sino que solamente los castiga. El autor sagrado ve en la serpiente algo más que un animal, y su relato es, por tanto, algo más que una simple intención fantástica para explicar la natural repugnancia que la serpiente despierta en los hombres y especialmente en las mujeres. La serpiente es como la expresión objetiva de toda la fuerza seductora del mal.

La serpiente no es aquí un ser superior, personificador del mal. Es un simple animal del jardín, como otro cualquiera. Pero no es la serpiente lo que propiamente interesa al autor, sino las palabras que salen de su boca. El autor está interesado en poner fuera del hombre el inicio del mal y por eso hace que la sugerencia le llegue por medio de una voz, en este caso, la de la serpiente.

El ritmo de las palabras es suave, como para no despertar la suspicacia. Procede gradualmente hacia el objeto, primero en forma de pregunta inexacta, que la mujer corrige; luego desvirtuando la sanción que acompaña al precepto; después con la sugerencia de que en la prohibición encubre Dios su propio interés; y, finalmente, la gran revelación del "seréis como dioses". Esa es la tentación apeladora, hecha exactamente a la medida de la ambición del hombre.

También hoy existen serpientes astutas y sirenas seductoras que intentan engañar al hombre. Las promesas pueden ser muy variadas: el poder, dinero, fama... “harán que se os abran los ojos y seréis la flor y nata de la sociedad, casi como dioses”. Y el hombre sigue comiendo de estos mentirosos argumentos y muchas veces es el hombre quien los divulga para que otros también pequen.

 

Segunda Lectura   [2 Corintios 4 (13) - 5(1)]

Hermanos: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: "Creí, por eso hablé", también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros…

 

Comentarios  

La confianza que tiene Pablo en el poder de Dios, que resucitó a Cristo, y la esperanza en que este mismo poder se manifieste abundantemente en la gloria eterna de los creyentes, le hacen considerar en poco las tribulaciones de hoy, que bien pueden soportarse con paciencia. La esperanza se funda en el espíritu de fe, es decir, en aquella fe que causa el Espíritu de "porque creemos, por eso hablamos". Esa esperanza que late ya en nuestro interior como una primicia de todo lo que esperamos se apoya en la fe en la resurrección de Cristo y tiende hacia la vida eterna de todos los creyentes.

 

Evangelio  [Marcos 3 (20-35)]

“…Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”…

 

Comentarios  

Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaún.

El texto griego habla de "los suyos", una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que quienes lo buscan ahora sean sus familiares.

Los familiares están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos piensen que está "fuera de sí" o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. Hay que pensar que "los suyos" miran también por la buena fama de toda la familia. Se trata, pues, de una presión ejercida por los familiares sobre la actividad pública de Jesús y que, a diferencia de lo que ocurre con los fariseos, nace de una buena voluntad.

El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares, que no acababan de superar el miedo “al qué dirán”. Es natural que esto resulte chocante a nuestros oídos; así ocurrió ya desde el principio. Es posible que también por este motivo lo silenciaran Mateo y Lucas, pues no se lee este evento en sus evangelios. No hay que olvidar que el mismo Jesús dijo cómo la predicación del evangelio iba a traer consigo conflictos familiares: "Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y sus propios familiares serán los enemigos de cada cual".

La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: "Jesús es un aliado de Satanás".

 

Oración final

En la misma forma en que nos has bendecido al reunirnos, te pedimos que bendigas nuestro regreso a casa. Que tu santa bendición nos acompañe...

Diácono José Moronta 

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Modificado por última vez en Domingo, 10 Junio 2018 20:50

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