Domingo, 13 Mayo 2018 00:36

Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo Destacado

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Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor tu Espíritu y se renovará la faz de la tierra.

Oh, Dios que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos a través del mismo Espíritu que gocemos siempre de su divino consuelo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

Comentarios a la primera Lectura Hechos 1 (1-11)

Lucas escribió dos libros del Nuevo Testamento, aunque pudiera interpretarse que es una sola obra en dos tomos: El Evangelio, y Hechos de los Apóstoles. En ambas obras comienza como si le estuviese contando una historia a un tal amigo Teófilo. No se sabe si este personaje existió, o si es un recurso literario creado por Lucas, al dirigirse a una persona cuyo nombre quiere decir “que ama a Dios”. De ese modo, cada uno de nosotros puede imaginarse ser el destinatario de estos escritos.

En las primeras líneas de este segundo libro Lucas resume lo acontecido con Jesucristo para dar inicio a la narración de la historia de la Iglesia naciente. Lucas cuenta que las apariciones de Jesús resucitado se prolongan por cuarenta días. Una cifra característica de la Biblia para querer indicar un tiempo prolongado. Es un paralelo con aquellos cuarenta días que pasó en el desierto al terminar su vida privada, justo antes de iniciar su actividad en Galilea.

Los apóstoles pueden comprobar que Jesús, después de pasar por la muerte, está vivo en medio de ellos. Pero Jesús decide “salir de escena” y prepara el camino a la Tercera Persona. Jesús anuncia la venida del Espíritu Santo. Y éste llegó nueve días después de su Ascensión al cielo. Jesucristo, al hacer la promesa de la venida del otro Paráclito les pide que estén en espera de que esta promesa se cumpliera. (Puesto que la espera fue de nueve días, mientras los apóstoles y María aguardaban haciendo oración, la Iglesia ha adoptado la costumbre de realizar novenas, o novenarios, siendo el mas relevante el que antecede a Pentecostés). Jesucristo, al ascender al cielo, deja de estar visiblemente entre los discípulos y la nueva forma de presencia divina se realiza mediante el Espíritu Santo.

 

Reflexión

Jesús insiste en la espera del Espíritu que ha prometido. ¿De qué manera se relaciona la partida de Jesucristo con la venida del Espíritu Santo?

 

Comentarios a la segunda Lectura Efesios 4 (1-13)

Después que el hijo se encarnó en la persona de Jesucristo, la historia de la humanidad cambió radicalmente. Aún para los que nunca creyeron en Cristo, su vida, muerte y resurrección produjeron un impacto del que no se puede escapar. Este cambio en la historia humana lo medimos en el Nuevo Testamento cada vez que encontramos palabras como salvación, rescate, liberación, reconciliación, etc.      

Algunos escritos parten de la idea de que antes de Cristo la situación era de ignorancia, y la presencia de Dios encarnado entre los hombres ha traído el verdadero conocimiento. Por eso, la sabiduría auténtica, que ahora está al alcance de cualquiera, no se alcanza por medio de la investigación, los estudios o la búsqueda humana. Solo recibiendo el don de Dios se alcanza saborear la verdad verdadera. Por eso leemos el primer párrafo de esta primera lectura. El verdadero conocimiento tiene que ver con Cristo, en quien se ha manifestado y llevado a cabo el plan de salvación de Dios.

 

Reflexión

Los cristianos ¿Deberíamos practicar el deseo o la esperanza? ¿Por qué?

 

Comentarios al Evangelio  Marcos 16 (15-20)

El texto escogido para esta semana contiene el cierre del evangelio de Marcos. En pocas líneas describe lo que otros evangelistas presentan en mayor extensión. Marcos nos presenta la idea de que con la Resurrección y Ascensión de Jesucristo la “historia” del Evangelio no llega a su final, sino que por el contrario, el horizonte se amplía (“Vayan por todo el mundo”, dice el Señor).

Notamos que la ascensión propiamente dicha no es descrita, pero se hace énfasis en la acogida de Jesucristo en el cielo. Pero además queda muy claro que, cumplida la misión de Jesucristo en el mundo, comenzará la de sus discípulos. Los cristianos han de predicar y hacer lo mismo que su Maestro.

El evangelista usa la fórmula “Señor Jesús” con una intención deliberada, la de acentuar que de las dos naturalezas de Jesús, la divina reemplaza definitivamente a la humana. Notamos que para el autor no es tan importante la parte anecdótica de la Ascensión, sino su importancia teológica. Y para realzar el significado teológico la relacionan con su entronización “a la diestra del padre”. La ascensión de Jesucristo significa la culminación de su obra y el triunfo sobre el pecado y la muerte. Ya libre de las necesidades humanas, vive para siempre y es al mismo tiempo promesa de que nos ocurrirá lo mismo al final de los tiempos.

En el evangelio de Mateo no se dice nada respecto a la ascensión, y lo mismo ocurre con el de Juan. Solamente Lucas y este brevísimo pasaje de Marcos dan fe de lo que los cristianos celebramos con solemnidad. Y Lucas lo hace más detalladamente en su segundo libro, de los Hechos de los Apóstoles (que se leyó en la primera lectura). A propósito de esta narración, al final se dice que los discípulos se quedaron mirando al cielo. Y sobre esto vale la pena reflexionar dos actitudes que se han vivido en la Iglesia: La de quedarse “mirando al cielo”, es decir, vivir exclusivamente pendientes de la otra vida. Un reino de los cielos desconectado de las luchas y miserias de esta vida. En otras palabras, un cristianismo desencarnado, espiritualista, refugio y huida.  Pero también hay quienes miran tanto a la tierra que terminan perdiendo el punto de referencia que marca Cristo, es decir, un reino de Dios centrado en las necesidades temporales del hombre. No debemos jamás perder el equilibrio: Ni quedarse mirando al cielo, ni olvidarse de mirar al cielo. En otras palabras, cumplir la misión encomendada por el Señor, de luchar por un mundo mejor, donde reine el amor solidario que nos ayude a mantener el corazón a salvo de las embestidas del odio y que nos mueva a dar la vida por quien haga falta, y cuando sea necesario, ansiando el establecimiento del reino de Dios aquí en la tierra y trabajando para que todos lleguemos algún día a saborear la visión beatífica de Dios.

 

Reflexión

No es muy fácil eso de salir de nuestro propio ambiente para predicar el Evangelio. ¿Cómo vamos a responder al llamado de Jesucristo de compartir con el mundo la Buena Nueva?

 


Diácono José Moronta  

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Modificado por última vez en Domingo, 13 Mayo 2018 00:36
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