Domingo, 13 Mayo 2018 13:09

Proclamar a Dios con esperanza Destacado

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La ascensión de nuestro señor marca la culminación de su misión en la tierra, pero también marca el inicio de la misión de los apóstoles en todo el mundo. Las lecturas de hoy describen la ascensión de Cristo y la misión que él encomendó: “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo” (Mt 8, 19). La presencia espiritual de Cristo permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Los Hechos de los Apóstoles unen los eventos ocurridos después de la Pasión de Jesús hasta el momento de la ascensión. La carta a los Efesios pone una nota particular. Recuerda solemnemente que el poder de Dios, manifestado en la vida terrena de Cristo y su resurrección, nos ha abierto la esperanza de la gloria futura.

La Misión en la Iglesia

La situación que vivimos en la actualidad es el escenario donde podemos mostrar la necesidad de manifestar con sinceridad y convicción la presencia del resucitado. Las mentiras y los engaños que encontramos a diario deben ser dejados de lado, no darles espacio en nuestro corazón y dejar que arda nuestra vida, permitiendo que la presencia de Jesús nos guie por el camino de la verdadera paz, no esa que pretende dar el mundo y con la que pretenden adquirir la conciencia de un pueblo que clama justicia y solidaridad.

Podemos contentarnos muchas veces con mantenernos dentro de las paredes de nuestra comodidad. Ésta no es la misión confiada por Jesús. Los católicos estamos llamados a permanecer en el mundo, construir con espíritu positivo y mejorar la realidad con la vivencia de nuestra fe católica y su significado. Sabemos que todo lo humano puede reflejar genuinamente la gloria de Dios. Debemos creer que Dios ya está obrando en el corazón del hombre, mediante la gracia y sus inspiraciones, para que éste le encuentre en el Evangelio. La misión que nos da Jesús se debe reflejar en la vida cotidiana, en el actuar de cada momento, en medio del pueblo, llegando al corazón de cada hombre y cada mujer.

La fiesta de hoy nos muestra dos perspectivas que nos pueden ayudar a entender y practicar la vida en Cristo. En primer lugar, Jesús sube al cielo e ir al cielo es ir a Dios, es estar junto a él, vivir con el resucitado y aceptar de corazón la salvación que nos viene del amor de Dios. En segundo lugar, la ascensión significa para la Iglesia la glorificación en el padre. Es una fiesta de esperanza y de una promesa especial para todos nosotros. Todo esto nos recuerda que el cielo es la meta que debemos alcanzar y preparándonos aquí en la tierra.

 

María Santísima acompaña nuestra vida

En este domingo de la ascensión del Señor, María nos enseña el camino para llegar a Jesús. Es un día especial para meditar sobre nuestra adhesión al amor de Dios, sobre el camino de esperanza que debemos recorrer y sobre la paz que Jesús da a nuestras vidas. Pidamos a Dios con fe, por intercesión de María santísima, que nos “dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Que ilumine los ojos de nuestro corazón, y así poder comprender “cuál es la esperanza a la que nos llama”. Así sea.

 

José Lucio León Duque

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Modificado por última vez en Domingo, 13 Mayo 2018 13:09

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